Porque apenas un puñado de horas después de que se conociera la fatal noticia para el pueblo ricotero —nunca más justa esa categoría, pueblo—, El Pelado se acercó con un ramo de Santa Rita de un rojo furioso para depositarlo como ofrenda a los pies de un mural en el Fonavi de Brandazza al 2800.
El mediodía del barrio Latinoamérica no interrumpió su pulso, pero en esa esquina, frente al mural, algo se detuvo. Gustavo —aunque todos los vecinos lo conocen como El Pelado— llegó con un rito simple y devastador. Se acercó a la pared y depositó la flor con una delicadeza que contrastaba con la brutalidad de su pena. "Qué tremendo", balbuceada una y otra vez. Un pibe se acercó en silencio, le dio un abrazo y se fue. Después de eso, Gustavo simplemente se derrumbó. En la pared, la figura del Indio Solari, imperturbable con sus gafas de sol y el micrófono en mano, lo observaba desde el mural. Sobre la pintura, una frase, rescatada de un concierto de principios de los noventa, cortaba el aire: "No nos olvidemos de nosotros, recordemonos". El tono imperativo guarda un dejo de ternura. En cada show Solari solía pedir a su público que se cuiden entre ellos.